Mi nombre es Jorge Rafael Abuchedid y soy traductor público y científico-literario de inglés (Universidad del Salvador). Mis principales temas de interés son la filosofía, las ciencias sociales, la psicología y las artes, sobre todo la música y la literatura. También me dedico al estudio de la música antigua, en particular del periodo barroco, y a la ejecución del violonchelo barroco (Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla).

Este blog nace de mi inquietud por explorar diferentes temáticas que me resultan sumamente fascinantes. Una de mis grandes pasiones desde pequeño siempre fue la lectura y, en el oficio que elegí, la traducción, pude hallar una herramienta para satisfacer dos necesidades que surgen de mi curiosidad: por un lado, aprender a sumergirme en un texto, entender qué expresa (de manera explícita o implícita), ser un “lector atento”; por otro lado, poder compartir con los demás aquel tesoro que descubro al leer algo interesante, edificante, que me haga considerar una faceta nueva de la vida. Así, los artículos que se presentarán en este espacio son traducciones de textos originales en idioma inglés o español sobre los que he decidido trabajar por considerar, justamente, que vale la pena leerlos y que me gustaría poner a disposición de todo un nuevo público, todo un nuevo idioma.

La selección de autores y de textos, entonces, siempre será un reflejo de mi intención de transmitir pensamientos e ideas que busquen satisfacer los ideales que Cicerón atribuía a la retórica clásica: “Docere, delectare et movere”, es decir, “Enseñar, deleitar y conmover”. De todas formas, vale la pena (más bien, resulta necesario) aclarar que, por más interesantes que me resulten los textos originales, no necesariamente reflejan mi propia opinión sobre los asuntos tratados; mucho menos, mi adhesión al pensamiento total o parcial de alguno de los autores. En este sentido, al hacer mi trabajo procuraré mantenerme fiel a la objetividad en la traducción, en especial en aquellos casos de textos que, siendo contrarios a mi propia opinión, no son por ello menos valiosos o importantes en el desarrollo de mi pensamiento.

Tras la palabra, sin embargo, busca ser ante todo un blog sobre traducción. No me arrogo en absoluto ser un experto en los temas tratados: me resulta más valioso dejar a los autores hablar por sí mismos. De lo que sí quisiera hablar y, bienvenido sea, debatir es sobre las vicisitudes y la experiencia del proceso de traducir estos textos. Mi intención es comentar de manera breve aquellas traducciones que, por alguna razón, hayan presentado dificultades o planteado dilemas que el público traductor sabrá reconocer como parte de los desafíos más característicos y atrapantes de la profesión. El público no traductor, en tanto, podrá apreciar de qué se trata el arte de traducir y, quizás, penetrar más profundamente en el contenido del texto meta al conocer el proceso de (re)creación a partir del texto original.

Por último, quisiera referirme al nombre de esta página. Una de las grandes cuestiones sobre el pensamiento humano se hace patente en los problemas que surgen de buscar traducir la polisémica palabra griega λόγος (lógos). Ya los filósofos de la Antigüedad le habían asignado muy diversos significados a aquel término, entre los que se cuentan “palabra” y “razón”; pero ninguno de estos y otros términos lograrían abarcar ese carácter a la vez confuso y claro de λόγος, que refleja la íntima unión que existe entre pensamiento y lenguaje. Tan íntima es que el lenguaje no solo funciona como medio de expresión del pensamiento, sino que al articularlo le da forma, esto es, lo informa. El pensamiento parece quedar prisionero de las palabras: de ahí que tradicionalmente se considere a la traducción una tarea imposible. Y sin embargo…

La razón en sí también escapa a las palabras y necesita salir de ellas para crear, necesita ir más allá para permanecer vital e, incluso, para expresarse en sí misma. El pensamiento es y no es la palabra: este es el misterio de λόγος. De ahí que considere que sería mejor pensar la traducción no en términos de posibilidad o imposibilidad, sino más bien como un misterio. La tarea del traductor es animarse a trascender las palabras y buscar otro medio de expresión, otras palabras que den nueva vida a ese pensamiento que pretende ser comunicado. ¿Qué es lo que ocurre, entonces, al ir tras la palabra? Eso es lo que quiero descubrir.