Jonathan L. Shaheen

Part of nature and division
in Margaret Cavendish’s materialism (2017)

Margaret and William Cavendish by Gonzales Coques
William y Margaret Cavendish

Hace unas semanas tuve el agrado de participar de una videoconferencia del Trinity College Dublin sobre la filosofía de Margaret Cavendish. Entre otros oradores de primer nivel, quienes brindaron charlas sumamente iluminadoras, se encontraba el profesor Jonathan Shaheen. Allí pude conocer algo de su excelente trabajo e investigación sobre Margaret Cavendish, y eso me motivó a leer algunos de sus escritos, que se encuentran en su página personal (jonshaheen.com). Este artículo me parece ideal para demostrar la particularidad y el genio de esta filósofa, a la vez que sirve como una excelente introducción a su sistema de pensamiento. Le agradezco al profesor Shaheen por permitirme traducirlo y aprovecho también para agradecerle por su presentación en aquella videoconferencia.

Parte de la naturaleza y división
en el materialismo de Margaret Cavendish

3 Cavendish sobre la división: un argumento contra el atomismo

Al parecer, la cuestión de si las subregiones arbitrarias de las partes de la naturaleza son en sí también partes de la naturaleza podría resolverse si consideramos que Cavendish adhiere a la divisibilidad infinita de la naturaleza. Si Cavendish piensa que la materia puede subdividirse arbitrariamente en diferentes partes de la naturaleza, entonces la respuesta debe ser que sí. Pero resulta difícil interpretar los comentarios de Cavendish sobre la divisibilidad infinita en este sentido. De hecho, a la luz de la concepción causal de las partes de la naturaleza, debe interpretarse que Cavendish ofrece un argumento contra el atomismo muy pocas veces considerado. En esta sección, evaluaré su argumento contra el atomismo en OEP, 1.XXXI. A la vez, presentaré la concepción dinámica de la división en Cavendish, su explicación no cartesiana de la divisibilidad infinita y lo que considero que son los tres postulados centrales del principal argumento antiatomista en 1.XXXI. También sostengo que estos postulados son en realidad consistentes con un tipo de atomismo, al que denomino atomismo plenista vitalista, contra el que ella no presenta un argumento basado en la divisibilidad infinita, sino lo que Detlefsen (2006) llama “el argumento normativo contra el atomismo”. La consecuencia de esta sección a efectos de los objetivos generales de este trabajo es que el antiatomismo de Cavendish no brinda un apoyo claro al presupuesto determinante de la reductio de O’Neill, y no es necesariamente inconsistente con la existencia de regiones espaciales no integradas.

Detlefsen (2006) distingue el argumento normativo contra el atomismo de lo que ella llama “el argumento logicomatemático”. El argumento normativo establece que “los átomos, como seres que actúan libremente, ocasionarían el desorden en la naturaleza, y sin embargo experimentamos que la naturaleza es ordenada”, por lo que el atomismo parece ser falso28. Pero en los siguientes párrafos nos ocuparemos del argumento logicomatemático29. En esencia, es el argumento cartesiano contra el atomismo. Cito aquí su conocido pasaje:

También nos resulta sencillo entender que es imposible que existan los átomos, o partes de la materia que sean por naturaleza indivisibles. La razón es que, si existieran tales cosas, por necesidad deberían tener extensión, sin importar cuán minúsculos imagináramos que fueran. Por lo tanto, podemos concebir aun así a cada parte dividida en dos o más partes más pequeñas, y entonces sabemos que son divisibles. (Principios de la filosofía, I.20, traducción de Miller y Miller)

Cavendish alude a este argumento al comienzo de la sección I.31 de OEP, titulada “De las partes de la naturaleza y de los átomos”30.

[…] No puede existir un átomo, esto es, un cuerpo indivisible en la naturaleza; porque todo aquello que tiene cuerpo, o es material, tiene cantidad; y lo que tiene cantidad es divisible. (OEP, p. 125)

Cuesta negar que lo que hace Cavendish aquí es recitar diligentemente una versión del argumento cartesiano contra el atomismo31. De hecho, Detlefsen (2006) presenta este pasaje como prueba de la “creencia matemática implícita en la divisibilidad infinita de la materia” (204) de Cavendish.

Pero la progresión de OEP, I.31 no tiene mucho sentido, si eso es lo único que hace Cavendish.

Prosigue:

Pero algunos podrían decir que, si una parte es finita, entonces no puede dividirse infinitamente. A eso respondo que una parte individual finita es algo que no existe en la naturaleza: porque cuando hablo de las partes de la naturaleza, no las entiendo como si fueran granos de maíz o de arena en un montículo, o como si conformaran una figura o magnitud, y separables la una de la otra: más bien, concibo a la naturaleza como un cuerpo, masa o magnitud infinita que por su propia automoción se divide en partes infinitas. (OEP, pp. 125-126)

Si Cavendish pretendiera exponer el argumento logicomatemático contra el atomismo, si estuviera manifestando la “creencia matemática implícita” de Detlefsen, entonces se limitaría a decir que las partes finitas sin dudas pueden “dividirse infinitamente”. Pero no lo dice, y en lugar de ello pone el foco en su concepción causal de las partes de la naturaleza y en una concepción asociada de la división. Cavendish confirma, apenas unas oraciones después, que lo que ella tiene en mente son estas nociones distintivas: “los movimientos que se hallan en la naturaleza […] dividen la sustancia o el cuerpo en partes infinitas; porque las partes de la naturaleza, y los cambios de movimiento, no son sino una cosa” (126). Cavendish da luego un argumento particular contra el atomismo, basado en estas nociones, que puede y debe distinguirse no solo de su argumento normativo, sino también del argumento logicomatemático32.

Karen Detlefsen
Karen Detlefsen

La noción de división que aquí adopta Cavendish es dinámica. Se trata de la noción de un tipo particular de movimiento o acción de la materia automóvil.

[…] Toda composición y división, contracción, dilatación e incluso retención son movimientos locales. (OEP, p.28).

[…] Puesto que la dilatación y la composición, así como la división y la contracción, son acciones diferentes. […] La verdad es que, tal como la división y la composición son movimientos corpóreos naturales, así también lo son la contracción y la dilatación. (OEP, p. 125).

En particular, la división es el movimiento de una parte de la naturaleza que se aleja de su entorno actual, pero no solo eso. Es, al mismo tiempo, el movimiento de una parte de la naturaleza hacia un nuevo entorno. Entonces, la división siempre trae aparejada la acción de composición.

[…] En la naturaleza ocurre tanta composición como división; y tan pronto como las partes se dividen de tal o cual parte, en ese mismo instante, y por el mismo acto de división, se unen a todas las partes; y esto es así porque la naturaleza es un cuerpo de infinidad continua, sin agujeros ni vacíos. (OEP, p. 127)

Las acciones principales y más generales de la naturaleza son la división y la composición de partes, ambas realizadas en un solo acto; porque al mismo tiempo, cuando las partes se separan de otras partes semejantes, se unen a otras partes. (OEP, p. 192)33.

Como para Cavendish la división conlleva la composición, la divisibilidad infinita, tal como la concibe, no se trata de la posibilidad de subdividir cada vez más cualquier parte de la naturaleza, por pequeña que sea, como en Descartes.

De hecho, Cavendish afirma explícitamente que la división infinita de las partes individuales es imposible.

Pero cuando [Thomas Hobbes] dice “no puede existir una división eterna e infinita”, [esto] es muy cierto, a saber, en este sentido: que una parte individual no puede en verdad dividirse infinitamente, puesto que en la naturaleza las composiciones siempre se interponen en las divisiones, y lo propio ocurre con las divisiones en las composiciones, de manera que la naturaleza, siendo materia, no puede alcanzar semejante grado de composición como para carecer de partes, ni de división como para que sus partes no estén compuestas; pero aun así, existen infinitas partes divididas en la naturaleza, y en este sentido pueden también haber infinitas divisiones. (PL, 1.XV, p. 51)

Y así, cuando [Henry More] menciona en otra parte que, si un cuerpo puede dividirse en partes infinitas, tiene una cantidad infinita de partes extensas: si por extensión se refiere a la dimensión corpórea, comparto su opinión; porque no existe parte en la naturaleza, por más pequeña que sea, que no sea material; y si es material, tiene un cuerpo; y si tiene un cuerpo, entonces por necesidad tiene dimensión corporal; entonces, toda parte es una parte extensa: pero como no existe parte que no sea en sí finita, no pueden dividirse en partes infinitas; […] de todas formas, existen […] infinitas divisiones [en la naturaleza] porque existen infinitas partes divididas. (PL, 2.IX, pp. 158-159).

Detlefesen piensa que podemos desestimar estos pasajes. Como pertenecen a las Cartas filosóficas, que fueron publicadas en 1664, la opinión de Cavendish pudo haberse modificado para la época de la primera edición de Observaciones sobre la filosofía experimental, publicada en 1666. Detlefsen sostiene que, en efecto, la postura de Cavendish sí había cambiado, como se hace patente en su expresión del argumento cartesiano contra el atomismo, junto con la aceptación implícita de la concepción geométrica de la divisibilidad infinita que conlleva el argumento cartesiano34.

Pero me parece que hay dos problemas con esta idea. En primer lugar, en OEP mismo aparecen fragmentos muy similares a aquellos de PL que, según Detlefsen, deberíamos desestimar. Cavendish no cambia de opinión sobre que las composiciones y las divisiones se “interpongan” entre sí de manera que evite la división infinita de una parte individual de la naturaleza.

Las composiciones y las divisiones infinitas se interponen de manera que la naturaleza no puede alcanzar los extremos en sus particulares, sino que mantiene a las partes y las acciones de la naturaleza en equilibrio. (OEP, p. 192)

Tampoco cambia de opinión sobre el vínculo entre la divisibilidad infinita y la infinidad de partes que, en conjunto, componen la naturaleza como un todo infinito, tal como muestra el pasaje de OEP, pp. 125-126, citado al comienzo de esta sección. Además, en una sección de la primera edición de OEP, donde Cavendish busca aclarar las opiniones que expresa en PPO y PL, ella trata explícitamente qué es lo que quiere decir al caracterizar a la naturaleza como “infinita”, pero pasa por alto la oportunidad de sugerir que su visión sobre la divisibilidad infinita haya cambiado35. Así, la Cavendish tardía bien podría aceptar los pasajes de PL.

En segundo lugar, existe la posibilidad de que Cavendish estuviera igual de dispuesta a adoptar el argumento logicomatemático incluso en 1664. Parece aludir a él en PL mismo, en el transcurso de un breve rechazo al atomismo de Charleton.

Sobre el argumento [de Charleton] de la divisibilidad de las partes, mi opinión es que no existe parte en la naturaleza que sea indivisible, ni siquiera aquella parte tan pequeña que los epicúreos denominan átomo. (PL, 4.IX, p. 455)

Henry More
Henry More

Una posibilidad es que, en los breves instantes en los que Cavendish alude al argumento logicomatemático, lo que esté haciendo sea limitarse a mencionar argumentos antiatomistas estándar que no cumplen ninguna función real en su teoría metafísica36. Una posibilidad un tanto más satisfactoria es que, cuando Cavendish afirma que todo lo que tiene cantidad posee partes, y que incluso una parte de la naturaleza tan pequeña como un átomo epicúreo es divisible, lo que quiere decir es que están sujetas a la división en su sentido dinámico. Es decir, podría sostener que alguna parte de su materia animada podría mover, en efecto, alguna parte de su materia inanimada y alejarla del resto37. Pero eso es consistente con la existencia de regiones espaciales no integradas. Además, la divisibilidad infinita, incluso en el sentido del argumento logicomatemático, no garantiza la divisibilidad arbitraria, y, por cierto, Cavendish jamás dice que las subregiones arbitrarias de una parte de la naturaleza se puedan dividir del resto.

Pero vale aclarar que la división, incluso cuando Cavendish habla de división y divisibilidad infinitas, conlleva la composición.

Cuando digo que “una parte finita puede someterse a infinitos cambios y alteraciones”, lo que quiero decir es que una parte puede dividirse y componerse con otras partes infinitamente; puesto que, tal como en la naturaleza ocurren infinitos cambios, composiciones y divisiones, así también debe ser con las partes, siendo que no existe variación, sino de partes. Y aunque las partes sean finitas, por el hecho de tener figuras limitadas y circunscritas, aun así, en cuanto a la duración, siendo sus partes lo mismo que el cuerpo de la naturaleza, son tan eternas e infinitas como la naturaleza misma, y así están sujetas a cambios infinitos y eternos. (OEP, p. 18)

Toda parte o figura particular se divide y se compone infinitamente de y con otras partes. (OEP, p. 192)

En el primer pasaje citado aquí, Cavendish sugiere que las partes de la naturaleza se dividen y se componen con otras partes (o al menos podrían hacerlo) infinitas veces a lo largo de su existencia eterna. Pero también cree que, en cualquier momento determinado, la naturaleza se divide en y, por ende, se compone de infinita cantidad de partes. Cavendish considera que esto exige que la naturaleza sea infinitamente grande. Así, en su discusión crítica de Tales en la tercera parte de Observaciones sobre la filosofía experimental, Cavendish presenta el siguiente argumento:

En cuanto a que no existe sino un solo mundo, eso lo admito de buen grado, si por mundo quiso decir naturaleza; pero entonces no puede ser finito. Sin embargo, Tales parece contradecirse en este teorema, cuando admite que los cuerpos pueden dividirse infinitas veces: porque, si existen infinitas acciones, como infinitas divisiones en la naturaleza, entonces sin dudas el cuerpo de la naturaleza mismo debe ser infinito. (OEP, p. 251)38

Si la existencia de una cantidad infinita de partes (finitas) requiere que la naturaleza sea infinita, entonces (al menos una cantidad infinita de) las partes mismas deben tener cierto tamaño no infinitesimal. Además, si esto es lo que Cavendish tiene en mente cuando habla sobre la divisibilidad infinita al argumentar contra el atomismo, entonces su antiatomismo, pace Detlefsen (2006), no debe basarse en “una adhesión necesaria a la divisibilidad infinita de la materia” (207). Tiene que estar dando un argumento diferente en OEP, 1.XXXI.

Sí lo hace. En 1.XXXI presenta tres postulados de su antiatomismo. Lo que ella rechaza, en primer lugar, es que exista una serie de bloques de construcción idénticos en la naturaleza.

[…] Es evidente, en principio, que no se puede asignar ninguna cantidad o figura precisa a las partes de la naturaleza, como dije antes con respecto a los granos de maíz o de arena… (OEP, p. 126)

Su afirmación aquí se vincula con su metafísica básica: no existen bloques fundamentales en la naturaleza, a excepción de la materia automóvil. Cavendish discute críticamente diversas teorías sobre tales bloques fundamentales en OEP, 2.XX. Considera y rechaza teorías según las que todo se compone, por ejemplo, de fuego, aire, agua y tierra; solo de agua; de sal, de azufre y de mercurio. Su propia opinión se expresa en un pasaje que ya fue citado antes.

La verdad es que no existe nada primario ni principal entre los efectos de la naturaleza, sino solo la causa a partir de la que se producen, que es la materia automóvil… (OEP, p. 234)

Entonces, el primer postulado de su antiatomismo es su concepción fundamental de la naturaleza, que no depende ni del argumento logicomatemático ni de sus teorías características sobre las partes de la naturaleza y la división.

Después, ella rechaza que existan partes de la naturaleza individuales, donde elabora la noción de parte individual de forma muy particular.

Luego, [es evidente] que es imposible que existan partes individuales en la naturaleza, es decir, partes que sean en sí indivisibles, como los átomos; y que puedan subsistir en forma individual o por sí mismas, distintas y separadas de todas las demás partes… (OEP, p. 126)

Este segundo postulado sí depende de su teoría de la división. Como la división conlleva la composición, no hay forma de que alguna parte de la naturaleza permanezca “distinta y separada” del resto de la naturaleza. Más bien, toda parte de la naturaleza forma parte también de una figura mayor: los ojos son partes de las cabezas, las cabezas son partes de los animales, los animales son partes de la Tierra, etc. El rechazo de que las partes individuales sean “indivisibles en sí mismas” se explica a través de la doctrina de la integración total.

[…] Tampoco sería posible que existiera una parte individual, es decir, una parte separada de todo el resto. Siendo una parte de la naturaleza, debe consistir en la misma sustancia que la naturaleza misma; pero la naturaleza es un compuesto infinito de materia racional, sensible e inanimada, que no se constituyen sino un solo cuerpo, a causa de su conjunción y conmixtión estrecha e inseparable; aun así, son múltiples partes (puesto que una parte no es otra parte) y, por lo tanto, toda parte o partícula de la naturaleza, por consistir en la misma conmixtión, no puede ser individual o indivisible. (OEP, p. 127).

Este es un pasaje sorprendente. Deja en claro que las partes individuales se definen como partes “separadas” del resto de la naturaleza. También aclara que las diversas “partes” de las que aquí se considera que se compone una “parte individual” no son partes de la naturaleza más pequeñas, es decir, no son efectos más pequeños de la materia automóvil. Más bien, recordemos de la sección 1 que Cavendish a veces habla de “partes” para referirse a los tipos de materia. Las “múltiples partes” que Cavendish describe aquí son la materia racional, sensible e inanimada de una parte de la naturaleza, los tres tipos de materia de los que se compone y se debe componer cualquier parte de la naturaleza39. Una vez más vincula su rechazo de las partes individuales con la presencia de la automoción, o sea, de la materia animada, en la oración final de OEP, 1.XXXI.

Por último, tal como existe una automoción perpetua en la naturaleza, y en todas sus partes, así también es imposible que existan […] partes individuales en la naturaleza. (131)

Por lo tanto, Cavendish no sostiene que las partes individuales sean divisibles en un sentido geométrico porque tengan extensión; no está presentando el argumento logicomatemático. Su ambigüedad en torno a “parte” en el sorprendente pasaje de OEP, p. 127, es consecuencia directa del hecho de que está presentando un argumento diferente contra el atomismo40.

Thomas Hobbes
Thomas Hobbes

Volviendo a la lista de postulados del antiatomismo de Cavendish, por último, ella rechaza la existencia de los vacíos.

Todo esto prueba que no existen partes individuales, ni vacíos, ni composición de átomos sueltos en la naturaleza; puesto que, si así fuera, una figura perfecta y completa se dividiría en millones de otras partes y figuras, y sin embargo es imposible dividirla en partes individuales, en tanto que en la naturaleza ocurren composición y división por igual; y tan pronto como las partes se dividen de tal o cual parte, en ese mismo instante, y por el mismo acto de división, se unen a otras partes… (OEP, p. 127)

Su rechazo del vacío se presenta como otra consecuencia esperable, junto con su rechazo de las partes individuales de la naturaleza. También depende de su teoría de la división aparejada a la composición.

Estos tres postulados del antiatomismo de Cavendish (su rechazo de otros bloques fundamentales o principios de la naturaleza que no sean la materia automóvil, el rechazo de las partes individuales y el rechazo del vacío) son suficientes para establecer que ella rechaza la existencia de los átomos en el vacío. Para ser más preciso, solo hacen falta los dos últimos postulados para establecer que adhiere al plenismo. Pero su antiatomismo, tal como se describió hasta ahora, da lugar a una teoría que bien podría merecer llamarse atomismo, con dos condiciones. En primer lugar, los denominados átomos deberían llenar toda la naturaleza, en cuyo caso “la naturaleza sería como la capa de un mendigo llena de piojos” (OEP, p. 129). Después, los átomos deberían contener materia racional, sensible e inanimada: deberían ser “cuerpos automóviles, vivos y cognoscentes” (OEP, p. 129). A esta posición podríamos llamarla atomismo plenista vitalista. Este atomismo plenista vitalista, dice Cavendish, es “más propio de la imaginación poética que de la filosofía seria; y esta es la razón por la que lo desestimé en mis obras filosóficas” (129)41. Luego, presenta lo que Detlefsen (2006) llama el argumento normativo contra el atomismo para rechazarlo. Pero es notable que Cavendish no considere que ya haya sido desestimado por su anterior argumento. No lo considera porque, en efecto, no está presentando el argumento logicomatemático contra el atomismo (el cual Detlefsen (2006) califica de ser totalmente “decisivo”), sino un argumento característico que apenas rechaza lo que ella denomina partes individuales y concluye que el mundo está lleno (207).

Existe otra diferencia entre el argumento logicomatemático cartesiano y el argumento de Cavendish contra el atomismo. Si bien Descartes admite que pueden existir límites a nuestra propia capacidad de dividir objetos extensos, Dios al menos debe tener el poder de dividir cualquier objeto extenso, sin importar cuán pequeño sea.

Además, aunque imagináramos que Dios quisiera crear una partícula de materia que fuera imposible de dividir en otras más pequeñas; esa partícula no podría, incluso así, decirse propiamente indivisible. Puesto que, aun suponiendo que Él la hubiera creado de manera que ningún ser pudiera dividirla, sin dudas no hubiera podido privarse a sí mismo de Su capacidad para dividirla; porque, tal como antes mencionamos, es absolutamente imposible para Él disminuir su propio poder. Por lo tanto, en sentido estricto, esta partícula seguiría siendo divisible, dado que lo sería en virtud de su propia naturaleza. (Principios de la filosofía, I.20, traducción de Miller y Miller)

La distinción entre lo que podemos dividir y lo que Dios puede dividir puede explicarse en términos de una distinción entre lo que es físicamente divisible y lo que es metafísicamente divisible, en cada caso. El propio argumento de Descartes contra el atomismo solo establece que todas las partículas de materia, en tanto que extensas en esencia, son metafísicamente divisibles, incluso aunque sea imposible dividirlas físicamente. Así, Descartes posibilita que las partículas de materia sean físicamente imposibles de dividir. Pero Cavendish es explícita al afirmar que en realidad no existen las partes individuales. Como la división conlleva la composición, es físicamente imposible que una parte de la naturaleza se vuelva “distinta y separada” del resto de la naturaleza. Entonces, no hace falta apelar a lo que Dios podría hacer para establecer las conclusiones de OEP, 1.XXXI.

Los teóricos en general no se han ocupado de resaltar las características distintivas del argumento de Cavendish, que busca defender los tres postulados de su antiatomismo antes mencionados. En efecto, Detlefsen (2007) sostiene que “gran parte de la teoría material de Cavendish se puede explicar sencillamente en términos de su aceptación o rechazo de ciertos aspectos de las filosofías de sus contemporáneos” (162), y explica su paso del atomismo al plenismo en parte a través de “su afirmación de la divisibilidad infinita de la materia” (pp. 162-163), sin dar más explicaciones42. Marshall (2014) considera que el argumento de Cavendish “se utiliza comúnmente contra el atomismo en el siglo XVII” (sección 2a). Pero dada la concepción causal de las partes de la naturaleza y la concepción asociada de la división aparejada a la composición, el antiatomismo de Cavendish parece ser bastante particular. Quizás debamos reconsiderar la postura de Clucas (1994), quien cree que Cavendish solo rechaza una forma particular de atomismo, incluso aunque lo que rechace sea la única posición que hoy estamos dispuestos a llamar atomismo43. De hecho, el argumento normativo contra un atomismo plenista vitalista no es un argumento imposible, sino que tan solo parece extravagantemente inconsistente con la armonía de la naturaleza que observamos en el mundo real44.

Nuestro interés en el antiatomismo de Cavendish surgió mientras intentábamos discernir si la analogía del caballo y el jinete quedaba desestimada en lo relativo a la disposición espacial de los tres tipos de materia que ella postula en su metafísica. La discusión previa de las opiniones de Cavendish sobre la división y su argumento contra el atomismo demuestran que su apoyo a la divisibilidad infinita no parece un fundamento prometedor para establecer que las subregiones arbitrarias de las partes de la naturaleza sean efectos de la materia automóvil. Pero hay lugar para otra solución, y pienso que esta logra dar por tierra con la existencia de las regiones espaciales no integradas, frente a todos los intentos fallidos.

Philosophical Letters

4 Cavendish sobre el lugar: relaciones espaciales entre los tipos de materia

En tanto que podamos buscar en Cavendish una respuesta directa sobre las relaciones espaciales de los tres grados de materia, su teoría del lugar es la más prometedora. Ella identifica el lugar con los cuerpos totalmente integrados.

[…] Figura, lugar y cuerpo son una sola cosa. (PL, 2.IX, p. 159)

[…] El movimiento y el cuerpo no eran dos sustancias distintas; sino que el movimiento y la materia conformaban un cuerpo automóvil; y lo mismo el lugar, el color, la figura, etc.: todas una y la misma cosa que el cuerpo. (OEP, p.37)

Materia, figura o lugar no son sino una cosa. (GNP, 1.I, p.2)

Dada su posición general con respecto a los accidentes aristotélicos, esta identificación del lugar con el cuerpo debe tomarse al pie de la letra. Ya hemos visto que Cavendish considera al movimiento un tipo de materia. Además, en el caso de los accidentes distintos al movimiento, Cavendish persiste en contar historias en las que aquellos se reducen a o se identifican con el (auto)movimiento de la materia45. Entonces, en esta sección consideraré tres maneras diferentes de comprender su identificación del lugar con el cuerpo. La tercera y última vía, que es a la que adhiero, termina de definir cuán lejos puede llegar la metáfora del caballo y el jinete. En particular, desestimará la existencia de regiones espaciales no integradas, dando respuesta así a la cuestión que impulsó las reevaluaciones previas de la doctrina de la integración total y el antiatomismo de Cavendish.

Lo que creo que exige la identificación de lugar y cuerpo es que de alguna forma podamos darle sentido a la idea de que cada tipo de materia en una parte de la naturaleza determinada ocupa el mismo espacio. Una manera de hacerlo es si pensamos en los tres tipos diferentes de materia como aspectos de una sola sustancia. Otra es considerar que los diferentes tipos de materia se superponen sistemáticamente, interpenetrándose en toda la naturaleza, y por ende interpenetrándose también en todo el lugar de una parte de la naturaleza en particular. La tercera es rechazar por completo la noción de relaciones espaciales entre los tipos de materia, y no decir nada sobre la disposición espacial de los tipos de materia particulares si no es por condescendencia y en forma derivada, según el lugar de las partes de la naturaleza que componen. Estas opciones las presenté aquí en orden de plausibilidad creciente, según mi opinión, como interpretaciones de Cavendish.

La lectura de los aspectos parece prometedora en un principio; pero es muy difícil de hacer cuadrar con la respuesta de Cavendish a la pregunta 22 en OEP, 1.XXXVII. Allí admite que la materia racional “puede abandonar ciertas partes y unirse a otras” (189). Es decir, afirma que los trozos particulares de materia racional no tienen por qué estar siempre asociados con trozos particulares fijos de otros tipos de materia. Pero eso significa que la materia racional no puede ser tan solo un aspecto de un cuerpo, porque de lo contrario sería vulnerable a los argumentos de Cavendish contra la transferencia de modos46.

La lectura de la superposición/interpenetración no sufre tanto por la existencia de pasajes que la contradigan en forma directa como por el hecho de que Cavendish pasa por alto las oportunidades de adoptarla. Por dar el ejemplo principal, existe cierta evidencia textual que apoya la idea de que Cavendish piensa que la materia animada puede penetrar la materia inanimada. En PL, 2.XXI, menciona la teoría de More de que lo inmaterial puede penetrar lo material, y trata esa penetrabilidad como una característica que la materia racional en verdad posee. En PL, 2.XII, también afirma que la materia racional y sensible son penetrantes, y en PL, IV.29, lo dice de vuelta sobre la materia racional. En PL, 1.XXVI, admite que la luz, a la que considera material, puede ser penetrante. Sin embargo, Cavendish parece diferir de More y otros en torno a qué significa que un material penetre a otro.

En cuanto a la penetración, considero que no es otra cosa más que la división; como cuando algunas partes perforan y e ingresan a través de otras partes, como los duelistas que se atraviesan entre sí, o como el agua que pasa por un tamiz. (PL, 2.XXIII, pp. 204-205)47

Cavendish no parece tener aún otra concepción propia de la división, en la que sus comentarios sobre la cualidad penetradora de la materia racional equivalgan, en efecto, a afirmar que dos tipos de cuerpo pueden ocupar el mismo espacio. Según demostré en la sección 3, para Cavendish dividir es moverse de una forma particular, componer con otras partes que estaban distantes. La penetración, tal como Cavendish la concibe aquí, es perforación, en lugar de lo que More cree que lo inmaterial puede hacer con lo material, y en lugar de lo que requeriría la lectura de la superposición con respecto a su identificación de lugar y cuerpo.

La última interpretación, a la que yo adhiero, es que en realidad no tiene sentido preguntarse sobre los lugares de los trozos de tipos individuales de materia. Más bien, los lugares son lugares de las partes de la naturaleza (en el sentido causal). Entonces, por ejemplo, el lugar de la materia racional que compone parcialmente una determinada parte de la naturaleza no es más que el lugar de aquella parte de la naturaleza misma. Lo mismo ocurre con su materia sensible, lo mismo con su materia inanimada. Desde este punto de vista, la analogía del caballo y el jinete es en efecto engañosa. Las regiones espaciales no integradas son imposibles, porque Cavendish, en este caso al igual que Descartes, no tiene una noción de espacio separada de los cuerpos, y los cuerpos siempre están completamente integrados.

Esta interpretación en realidad justifica el presupuesto determinante de la reductio de O’Neill. La materia que se halla en cualquier región de espacio sí constituye una partícula de la naturaleza. Esto no se debe a que se puedan escoger regiones arbitrarias del espacio tridimensional euclidiano y tener la certeza de que contendrán dentro de sus límites al menos una partícula de la naturaleza. Más bien, se debe a que elegir un lugar para considerar la materia allí contenida no puede tratarse de otra cosa que de elegir y evaluar cierta(s) parte(s) de la naturaleza completamente integrada(s). Esa es una consecuencia sencilla de la identificación de lugar y cuerpo en Cavendish. Por lo tanto, el pensamiento geométrico detrás de la pregunta que orientó este trabajo hasta el comienzo de esta sección fue en sí un exceso matemático. No hace falta una concepción matemática para entender la doctrina de la integración total.

Walter Charleton
Walter Charleton

5 Conclusión

Este trabajo se propuso considerar a Cavendish como alguien que satisface sus propias expectativas: alguien que “escribe según [sus] propias cavilaciones” (PPO, cap. 209, 171). Le ha atribuido teorías significativamente características sobre las partes de la naturaleza como efectos de la materia automóvil y de la división como un tipo de movimiento local que conlleva la composición. También la presentó como una autora que emplea una especie de juegos terminológicos que fueron controvertidos en su propia época y que no siempre se destacan en la literatura secundaria contemporánea48. Pero también, espero, nos llevó a comprender en mayor profundidad su doctrina de la integración total, reveló su argumento original y hasta ahora poco apreciado contra el atomismo, y presentó una interpretación más consistente de una gama amplia de sus textos. Al final, desestimó su propia pregunta rectora por ser una aplicación infundada del pensamiento matemático a una teoría metafísica moderna temprana.

Tanto en esta cuestión particular como en un trabajo sobre Cavendish, es apropiado que un enfoque geométrico pruebe rechazarse a sí mismo de esta manera. Después de todo, consideremos lo que Erich Schliesser llamaría el antimatematicismo de Cavendish, sus reservas sobre la utilidad de la matemática para comprender la naturaleza49. En su novela TBW [El mundo resplandeciente], ella representa a la matemática como una disciplina poco seria, en el mejor de los casos.

La Emperatriz […] por fin se sintió con ánimo de entretenerse después de sus discursos serios, y entonces mandó a llamar a los hombres araña, que eran sus matemáticos, a los hombres piojo, que eran sus geómetras, y a los hombres urraca, loro y grajilla, que eran sus oradores y lógicos. … [A los matemáticos, la Emperatriz les dijo:] tampoco puedo dedicar tiempo de mis otros asuntos a ocuparme de su profesión; ni aunque pudiera hacerlo creo que sería yo capaz de llegar a entender sus puntos, rectas y figuras imaginarias, porque aquellos no son seres.

Luego vinieron los hombres piojo, a lo que la Emperatriz comenzó a disgustarse, y les dijo que su profesión carecía tanto de verdad como de justicia; y así ordenó disolver su compañía. (TBW, pp. 45-46).

Si bien en general no está claro hasta qué punto podemos identificar a Cavendish con las opiniones de la Emperatriz en TBW, no parece haber razones para dudar de que, a través de este personaje, ella sí expresa sus propias opiniones sobre la relevancia de las investigaciones matemáticas en el asunto serio de entender la naturaleza. Por mi parte, considero que son útiles para enfocar preguntas que, tal como espero haber demostrado aquí, puedan llevar a una comprensión verdadera de las teorías filosóficas, incluso aunque el antimatematicismo resulte vencedor50.

Jonathan Shaheen

NOTAS

[28] Detlefsen (2006), p. 201.

[29] Hasta donde sé, la idea de Detlefsen de que Cavendish presenta el argumento logicomatemático no ha sido criticada en la literatura. Marshall (2014), sección 2a, la acepta explícitamente.

[30] Ver Detlefsen (2006), p. 204.

[31] Cabe aclarar que no estoy seguro de que sea necesario admitir que Cavendish en verdad acepta este argumento, o siquiera que tenga la intención de presentarlo en su forma usual. Quizás lo que pretende es que el lector capte un uso anormal de “divisible”, incluso en este caso. Cf. nota al pie 19 sobre el uso que hace Cavendish de “divisible” y otras palabras relacionadas, así como sobre la posible ambigüedad deliberada aquí.

[32] O’Neill (2001), xxvi menciona brevemente este tercer argumento, pero pronto pasa a enfocarse en una versión de lo que Detlefsen llama el argumento normativo.

[33] Ver también los pasajes de OEP, pp. 37, 232 y 263.

[34] Detlefsen (2006), pp. 204-206.

[35] Ver “An Explanation of Some obscure and doubtful passages occurring in the Philosophical Works, hitherto published by the Authoresse”, pp. 47-48.

[36] Compárese su alusión de una sola frase en GNP, 1.IV, 4 con el argumento cartesiano contra el vacío, un argumento que no figura en absoluto en sus argumentos más extensos contra el vacío en OEP.

[37] Cf. notas 19 y 31.

[38] Ver también OEP pp. 31-32 aquí.

[39] Ver también OEP, p. 168, para leer un pasaje en el que Cavendish hace comentarios similares sobre los átomos, donde sostiene que incluso aquellos deberían contener materia racional, sensible e inanimada.

[40] Su disposición a ser ambigua en torno a “parte” también explica por qué es capaz de comparar figuras desde el punto de vista de tener más o menos partes, a la vez que sostiene que todas las partes tienen partes propias, en OEP, p. 234.

[41] Como me marcó Marcy Lascano (p.c.), aquí Cavendish toma distancia de los poemas atomistas de PF, pero de todas formas considera que es significativo que no rechace el atomismo plenista vitalista con base en el argumento logicomatemático.

[42] Es justo mencionar que aquí hay un pasaje que, además de (i) la aparente exposición del argumento logicomatemático en OEP, 125, en el que se basa Detlefsen (2006), y (ii) el rechazo al atomismo de Charleton en PL, 4.IX, 455, parecería justificar la visión de Detlefsen, en contra de la mía.

[…] Si los átomos son cuerpos, no veo cómo pueden ser indivisibles: por cuanto en todo aquello que sea un cuerpo también existen partes; de manera que la divisibilidad es una propiedad esencial de la materia o el cuerpo. (OEP, p. 263).

Yo considero que, en ese contexto, donde la discusión se centra en las partes individuales, Cavendish se refiere a la división en el sentido que conlleva la composición. Según esta lectura, la conclusión está garantizada por la doctrina de la integración total, dado que, donde existe un cuerpo, existe materia animada, y donde existe materia animada, es posible que ocurran más movimientos.

[43] Cf. los comentarios sobre la fluidez de las concepciones del materialismo en el siglo XVII, en Duncan (2012), 404.

[44] Ver Detlefsen (2006), sec. 3.

[45] Para su teoría del color, ver OEP, 1.XX-XXI y GNP, 12.XXIX, p. 214; para el calor y el olor, ver OEP, 1.XXVII, p. 108; para el calor y el frío en general, ver OEP, 1.XXV-XXIX.

[46] Según la teoría en desarrollo de Eugene Marshall (p.c.), la respuesta de Cavendish a la pregunta 22 es sencillamente inconsistente con el resto de su metafísica. Pero considero que esta conclusión puede y debe evitarse, y que la opción de los aspectos debe rechazarse por adherir a ella. Un revisor anónimo de Synthese sugiere que la idea de los aspectos puede rescatarse si interpretamos que, cuando Cavendish menciona que la materia racional “abandona ciertas partes y se une a otras”, lo que quiere decir es que aquella lleva consigo a la materia sensible e inanimada (completamente integradas), como si la pensadora describiera aquí el proceso regular de división y composición. Esta lectura es posible, aunque me parece que exige interpretar que Cavendish es deliberadamente poco servicial al insistir, tal como hace, en tratar sobre casos en los que la materia racional y la materia sensible se mueven de diferentes maneras.

[47] Le agradezco a Stewart Duncan por marcarme este pasaje.

[48] Compárese el texto en el que Cavendish se atribuye a sí misma un uso erróneo de la terminología escolástica relativa a “agente” y “paciente” (OEP, 18) con la carta de Walter Charleton de 1654, en la que insinúa que Cavendish estaba más capacitada de lo que ella misma dejó entrever (CLP, 146).

[49] Ver Schliesser (2012, 2014).

[50] Mi interés en las cuestiones tratadas en este trabajó surgió mientras dictaba un seminario sobre los racionalistas continentales y sus críticas mujeres en Oberlin College. Les debo mi agradecimiento por el abundante debate e inspiración a los estudiantes de ese seminario, sobre todo Nicholas Wilcox, y a los miembros de un grupo de lectura por Skype sobre Observations upon Experimental Philosophy del que participé a principios de 2015, en especial a Becko Copenhaver, Wiebke Deimling, Liz Goodnick, John Komdat, Marcy Lascano, Eugene Marshall, Alison Peterman y, más que a nadie, a Lewis Powell, quien organizó el grupo y tuvo la amabilidad de dejarme participar en él. Liz, Marcy, Stewart Duncan, Eric Schliesser, Tad Schmaltz y los miembros de un taller de escritura en Ghent University, que incluía a Boris Demarest, Fons Dewulf, Iulia Mihai, Sylvia Pauw y Pieter Present, leyeron un borrador del trabajo y aportaron muchísimos comentarios útiles, al igual que dos revisores anónimos de Synthese. Les agradezco a todos ellos.

REFERENCIAS

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